24
ABR
2015

Caridad y Martirio



     

    Por Néstor Mora

    No es fácil mirar a la cara a los mártires cristianos del siglo XXI. Son personas anónimas que dan su vida en países lejanos con los que no sentimos poco identificados. La lejanía nos lleva a pensar que estos asesinatos son intrascendentes para nosotros, pero no es así.

    ¿De dónde proviene la caridad?... Si quieres te muestro de dónde te llega. Pregunta al guardián de los graneros del Señor. Si existe en ti la caridad de Dios, participarás en los dolores de Cristo y serás un verdadero mártir ‪(San Agustín, Sermón 169,15)

    Lo menos que podríamos hacer es participar del dolor de tantas familias cristianas, que sienten en carne propia la represión, el desprecio y la indiferencia. Nadie les ayuda, porque simplemente son cristianos. Parece que el martirio forma parte del hecho de ser cristiano y que no podemos quejarnos.

    La crueldad de quienes nos odian, llega a puntos incalificables. Como si la caridad fuese un mal y nuestra actitud pacífica, el más terrible ataque a sus intereses. Sin duda el enemigo anda detrás de toda esta locura. Anda detrás de dos forma diferentes: alentando a los criminales y haciendo caer en la insensibilidad a quienes podríamos hacer algo.

    El odio hacia los cristianos es el mismo odio que recibió Cristo y que le llevó a la Cruz. La hipocresía odia a quien señala las apariencias que cubren el inmenso vacío de quien se cree superior a los demás. El poder odia a quien ofrece la verdadera libertad a quienes sirven a la infinidad de becerros de oro que hemos creado.

    ¿De dónde proviene la caridad? De Dios mismo que se abre paso en nuestro corazón y nos hace valientes. La caridad nos lleva a parar la cadena del pecado en nosotros mismos. Nos hace aceptar el dolor y andar el camino de la santidad, llenos de esperanza. ¿Qué sería de nosotros sin el Señor? No seríamos nada y no valdríamos nada. Él pago con su sangre nuestro rescate, lo que nos llena de alegría y esperanza.


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